
En la Fundación Sierra Pambley, de Villablino, se presentó el sábado, 28 de junio, a las 12 horas, la obra en Patsuezu sobre El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, editado por Amichi, empresa de serigrafía y otras artes de nuestro compañero de la Sociedad Cántabra de Escritores, Julián Fernández Fernández y del que es autor Manuel Gancedo Fernández, estando prologado por Francisco González de Posada, Socio de Honor y Estela de Oro de las Letras de Cantabria 2025. En la portada de esta importante edición se inserta también la siguiente referencia: “reducido y compulsado por D. Eduardo Vincenti (1905)”.
En la presidencia del acto, el presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, José Ramón Saiz Fernández; la presidenta de la Asociación de Escritores de Asturias, Esther García López, la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Villablino, Mercedes Fisteus; el autor, Manuel Gancedo y el prologuista, Francisco González de Posada. Decenas de personas llenaron el salón de actos, siguiendo el acontecimiento literario un buen número de ellas desde el exterior.
Entrañable, amena y solemne fue este fin de semana –en concreto el sábado, 28 de junio, a las 12 horas- la presentación en Villablino (León) del libro ‘El inxeniousu fidalgu Don Quixote de La Mancha’, primera y única traducción al patsuezu de la universal obra de don Miguel de Cervantes en un concurrido acto celebrado en la Fundación Sierra Pambley, referencia publicada por Luis Álvarez en ileón.eldiario.es, que por su rigor y precisión hemos tomado de la misma apuntes destacados.

Julián Fernández es un destacado cervantino ya que cuenta con más de cien ediciones de El Quijote en idiomas del mundo entero. Hace diez años, a través de Amichi editó y costeó El Quijote en cántabro, para evitar que nuestra Comunidad fuese la única del Estado que no propiciara una edición propia con motivo del IV Centenario. Ahora, con la edición en Patsuezu (dialecto leonés), rinde homenaje a sus antepasados que eran naturales del Valle de Laciana, comarca situada al N.O. de la provincia de León que linda al norte con el Principado de Asturias y al S.O. con el Alto Bierzo. Este valle está asentado en la cuenca hidrográfica del Sil.
En la introducción a cargo de Manuel Gancedo, que firma como traductor de la obra del Quijote al Patsuezu, indica que “dentro de las cuatro variedades reconocidas de la lengua asturleonesa, la más occidental es el patsuezu, falietsa o tsacianiegu”, hablado en varios concejos asturianos de la comarca del Narcea y las comarcas leonesas de Laciana, añadiendo que “sus raíces se insertan en las lenguas indoeuropeas, importadas por tribus celtas, apuntando a la Edad de Hierro, aproximadamente 900 años a.C. La obra incluye en sus primeras páginas una selección del vocabulario patsuezu.
INTERVENCIÓN DE JOSÉ RAMÓN SAIZ
Intervino, en primer lugar, el presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, José Ramón Saiz, quien después de señalar que han sido muchos los que hemos venido hasta aquí para rendir homenaje a nuestro compañero, citando a varios miembros de la junta directiva; en concreto, el expresidente y Socio de Honor, Marino Pérez Avellaneda; la secretaria, Gilda Ruiloba y el tesorero, Amado Zabala Santamaría. También asistió el presidente del Centro de Mayores Ramiro Bustamante, Pedro Cayón Ruiz. A continuación, José Ramón Saiz expresó el siguiente mensaje:

Estamos aquí, en esta fundación de valores históricos, para estar con nuestro asociado, Julián Fernández Fernández, mecenas de nuestra entidad por detalles que no vienen al caso en estos momentos, pero que en torno a la obra universal de El Quijote, de Miguel de Cervantes, viene demostrando ese mecenazgo desinteresado de profundas raíces culturales y literarias, con la edición de El Quijote en cántabro hace varios años, lo que hizo para evitar el ridículo de nuestra Comunidad Autónoma de quedar al margen de llevar a cabo una edición propia en la conmemoración del IV Centenario. Solo unos pocos le agradecimos ese generoso gesto ante la inhibición de las instituciones de Cantabria, que estimaron que la decisión era descabellada. Sin embargo, otras comunidades autónomas con una realidad lingüística muy inferior a la nuestra, financiaron sus ediciones propias para honrar a un autor y a una obra que han alcanzado una dimensión universal.
Julián Fernández ha demostrado, por tanto, el valor del mecenazgo y lo ha hecho realidad aquí, en la Laciana, la tierra de sus mayores para honrar a su abuelo, Amador Fernández Martínez y a su padre, Julián, que acudieron aquí mismo a la escuela y que entre estas paredes leyeron El Quijote. Honramos, por tanto, a sus antepasados, a sus maestros y compañeros de pupitre, con la presentación de El Quijote en Parsuezu gracias a la generosa e intrépida colaboración de Manuel Gancedo, que si bien le ha resultado un gran esfuerzo llevar a su habla natal un capítulo de la obra quijotesca, terminó aportando su sabiduría popular en todos sus capítulos, poniendo de manifiesto esa identidad y lealtad al habla de sus mayores.
Como ha escrito, muy bien, un articulista sobre la generosa aportación de Julián, posiblemente le encontremos escondido en alguna parte de esta sala, para evitar un protagonismo que bien se merece. Aplaudámosle que se lo tiene bien merecido. (A continuación, un prolongado aplauso se dejó escuchar en homenaje al mecenas).
Pronto cumpliremos XXV años de la fundación de la Sociedad Cántabra de Escritores y este acto, por su calidad y significado, tendrá especial relevancia. El mejor patrimonio son las mujeres y los hombres que pertenecen a nuestra SCE que se afanan por investigar y trabajar en favor de las letras, con la mejor recompensa: el deber y ver el deseo cumplido como representan nuestras obras literarias.
Terminó José Ramón Saiz destacando la presencia en el acto de la presidenta de la Asociación de Escritores de Asturias, la asturianista Esther García y la que fuera consejera de Educación del Gobierno de Cantabria 1995-2003, Sofía Juaristi.
Entrañable y ameno representa una buena definición de un acto que también tuvo mucho de emotividad ya que se recordó al abuelo, Amador Fernández Martínez y al padre, Julián, de nuestro mecenas, naturales del valle de Laciana. La asistencia de los hermanos y hermanas de Julián, fue también una presencia que resaltó la emotividad y el homenaje a sus antepasados. Fue un recorrido por las intimidades propias de todo el proceso de confección de la obra publicada por la relación entre el mecenas, Julián Fernández, y el traductor Manuel Gancedo que, según confesó este último, después de seis años de contacto telemático no se conocieron físicamente hasta el acto celebrado en la fundación Sierra Pambley.
Igualmente asistimos a un acto de cariño del público hacia el traductor del público, su familia presente en el acto y las personalidades que le acompañaban. Una estima fácilmente perceptible en los rostros de relajada atención de los asistentes a la narración que Manolo hizo del porqué y el cómo se hizo posible esta ardua labor de traslación a la lengua vernácula de la extensa obra, en la que mencionó el “libretín” en el que su padre (que conserva) elaboró el diccionario patsuezu.
UN MECENAS “ESCONDIDO”

A la izquierda, Julián Fernández.
El acto de la fundación Sierra Pambley fue también entrañable en grado sumo por el cariño mostrado por todos los oradores hacia la persona de Julián Fernández, promotor y mecenas de esta obra, que hizo posible la publicación y reunir en el acto a tan decenas de personas, además de contar con la presencia de ilustres personalidades. Llegado a este momento hay que desvelar un hecho y es que Julián Fernández permaneció en un segundo plano, “escondido entre el público”, hasta que al finalizar lo forzaron a darse a conocer y decir unas palabras. Y en ellas agradeció sus elogiosen pocas pero rotundas palabras: “Ya sé que el halago debilita, pero me ha resultado agradable”. Además, fue él quien realizó y preparó una exposición con varios paneles explicativos sobre El Quijote en las escuelas y repartió finalmente una bolsa con regalos a todos los asistentes al acto, entre otros una litografía del gran artista y pintor Pedro Sobrado dedicado a don Quijote y su escudero Sancho Panza.
EXPOSICIÓN SOBRE EL QUIJOTE Y LAS ESCUELAS DE SIERRA PAMBLEY
Julián Fernández es un exitoso empresario cántabro, con raíces familiares en San Miguel de Laciana, lugar de nacimiento de sus ancestros incluido su padre. Su abuelo Amador Fernández, fue alumno de la novena promoción de la Escuela de Sierra Pambley en Villablino. Un reconocimiento y recuerdo a estas raíces es este libro, que en su contracubierta reproduce una foto de los alumnos y maestros de aquellos años.

No es frecuente reunir en un acto de presentación de un libro, en el ambiente localista del mundo rural y de un dialecto autóctono, a un grupo de personalidades de reconocido prestigio, como las que acompañaban a Gancedo. El primero en tomar la palabra fue el presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, José Ramón Saiz, en su primera visita a Laciana, un viaje en el que estuvo acompañado de un grupo de más de una treintena de personas llegadas en autobús desde Santander y vinculadas a las letras. Dijo sentirse feliz, como muchos de sus compañeros, de poder asistir y participar en el acto en el que tuvo elogiosas palabras para Julián Fernández, recordando que “hace diez años, a través de Amichi editó y costeó El Quijote en cántabro, para evitar que nuestra comunidad fuese la única del Estado que no propiciara una edición propia con motivo del IV Centenario”. Y ahora, “con la edición en patsuezu, rinde homenaje leal y de profundo amor a sus antepasados que eran naturales del Valle de Laciana”.
PATSUEZU EN LA LENGUA Y EL CORAZÓN
Esther García, presidenta de la Asociación de Escritores de Asturias, intervino también en el acto tomó la palabra, dirigiéndose a los asistentes en una variante del bable occidental, muy similar al patsuezu. Y en su intervención hizo un alegato en favor de la conservación y difusión de las lenguas autóctonas minoritarias.
Manolo Gancedo transmitió su peripecia vital con el patsuezu. De como un madrileño con raíces lacianiegas terminó logrando acometer esta laboriosa traducción que le ocupó más de dos años de su vida de jubilado. Demostrando que hay jubilaciones muy productivas y provechosas.

Mercedes Fisteus, Manolo Gancedo, Esther García y Francisco González de Posada.
La concejal de Cultura de Villablino, Mercedes Fisteus, que tuvo igualmente una intervención brillante, leyó un texto del patrono de la Fundación Sierra Pambley, Pedro González, quien no pudo asistir al acto. En el que incidió en la confraternidad entre Sierra Pambley con el geólogo, mineralogista y zoólogo cántabro Augusto González de Linares, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza.
Cerró el acto Francisco González de Posada, Socio de Honor y Estela de Oro de las Letras de Cantabria 2025. Prologuista de la edición, afamado y experto conocedor de la obra cervantina, con sus artículos, conferencias, participación en simposios y multitud de actividades relacionadas. Su presencia y palabras dieron a la mañana el empaque y porte más académico del acto. Comenzó con un comentario filológico, recordándole a la representante municipal, la señorita Fisteus, que su acreditación “es concejal, como nos manda la filología, no concejala”.
Entre la exposición de sus conocimientos sobre la novela cervantina, propuso tanto al traductor, Manolo Gancedo, como al filántropo y mecenas, Julián Fernández, organizar una presentación solemne de esta edición en el Instituto Cervantes.