
Rodolfo Do Alto Gutiérrez, fundador de la Asociación de Amigos Vicente Trueba e impulsor del museo del gran ciclista cántabro, nació en Cigüenza (Alfoz de Lloredo) en 1933. Su padre, natural de Cohicillos (Cartes) era maestro de escuela antes de la guerra civil, participando en la contienda como comandante mayor del ejército republicano, y falleciendo con 30 años de edad en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer (Francia), tras ser herido en la batalla de Teruel.
En julio de 1937, su madre emigró en barco desde Santander con sus tres hijos desembarcando en Burdeos. Tras un periodo de tiempo en el hospital fueron dirigidos a un campo de concentración. Después de una infancia perturbada por el exilio y la segunda guerra Mundial, Rodolfo comenzó a tener una vida relativamente normal en Courcelles de Touraine, un pueblecito que le cobijó y le protegió de las patrullas alemanas.
Su afición a escribir comenzó cuando al final de la guerra mundial ganó un concurso literario organizado por los aliados con el tema «Pueblo de Francia», que fue premiado con un viaje a Estados Unidos. Sin embargo Rodolfo prefirió cobrar el dinero para poder pagar su ingreso y estancia en el prestigioso liceo Descartes de Tours que abandonaría pronto, ya que su madre no pudo continuar pagando las clases que allí se impartían.
Comenzó su actividad profesional como aprendiz de ajustador mecánico de precisión y pronto escalaría los peldaños de la jerarquía industrial. Trabajó de ingeniero hasta los 26 años y fue director de Fabricaciones, de Servicios Técnicos y de Empresa. Su carrera se desarrolló en empresas de Francia, Argelia, Túnez y Suiza… donde escribió y tradujo varios libros de carácter técnico relacionados con los combustibles gaseosos, el acero, la metalúrgica, las máquinas robóticas, etc…
Tiene en su haber diversas distinciones entregadas por autoridades y asociaciones francesas.
Tras su jubilación, se incorporó a Cantabria, ya que siempre conservó la doble nacionalidad, instalándose en Torrelavega, donde realizó un gran trabajo impulsando iniciativas de divulgación cultural y deportiva, como la reivindicación de la lucha autóctona, el aluche y el valor de la figura deportiva del ciclista Vicente Trueba. En esta última labor, Do Alto fue el impulsor del Museo Vicente Trueba desde su puesto de vicepresidente de la Alianza Francesa de Cantabria, y posteriormente, fundador de la Asociación de Amigos de Vicente Trueba y del Ciclismo Cántabro que organizó los actos del centenario del nacimiento del gran ciclista torrelaveguense, primero en ser coronado rey de la montaña en esta gran prueba internacional.
Murió en Torrelavega el 25 de agosto de 2016.
José Ramón Saiz, director de cantabria24horas.com, escribió este artículo evocando la memoria de Rodolfo:
HA MUERTO RODOLFO DO ALTO GUTIÉRREZ (Cigüenza de Alfoz de Lloredo, 1933), que desde muy niño se vio obligado a acompañar a sus padres en un difícil exilio al país vecino, Francia. Sin renunciar a la nacionalidad española -que compartió con la francesa- vivió ininterrumpidamente en Torrelavega después de contraer matrimonio con Marisol Ruiz, corraliega, que tanta devoción demostró en todo momento y circunstancia por Rodolfo y la hija de ambos, Elena. La muerte de Rodolfo nos ha conmovido. Siempre le vimos con proyectos y nuevas ilusiones, a pesar de padecer y superar hace años una grave enfermedad. En el fondo, nos parecía eterno.
Conocimos a Rodolfo hace ya quince o veinte años y disfrutamos siempre de sus propuestas por Torrelavega, ciudad en cuyo futuro tenía una gran fe. Peleó lo indecible por que se le escuchara pero los gobernantes de la época no fueron capaces de ver su inteligencia, europeísmo (con proyectos que él comprobó como hicieron renacer a Europa) y desprendimiento. Lo hacía por el interés general, como asumió sin ruidos el encargo de Josefina Bedia, viuda de Vicente Trueba –fallecida hace unos meses- de donar e instalar a Torrelavega todo el patrimonio ciclista de la Pulga, nuestro legendario ciclista que tanto emocionó a los españoles con sus galopadas en el Tour de Francia. Incluso luchó –lo que tiene en su gran haber- para que los responsables del Tour hiciesen un reconocimiento para el ciclista torrelaveguense que recogió su viuda.
Siempre admiramos en Rodolfo cómo luchó por rescatar del olvido –y de la ignorancia institucional- deportes milenarios de Cantabria. Durante varios años defendió y promocionó el Aluche cántabro que de origen celta permitió a los antiguos campesinos cántabros demostrar su fuerza y su maña. Intentó desde 2005 que se reconociera este antiquísimo deporte sin lograrlo, a pesar de representar identidad cántabra. Y en este como en otras de sus iniciativas, solo le movía el interés general.
Rodolfo fue un ejemplo de ética personal. Como republicano cuyas esencias asumió de su padre –muerto (o asesinado) en un campo de concentración en la Francia ocupada por los nazis- pero también inspirados en la más genuina tradición francesa. Las virtudes de la igualdad, libertad y fraternidad las ejerció con ejemplar conducta y supo hacer de ellas un reto personal que admiramos en toda su dimensión.
La muerte de Rodolfo do Alto representa un duro golpe para su familia y amigos. Significaba un referente humanista que evocaba, al tiempo, progresismo y vocación por la justicia social. Amó con fuerza a su padre sin conocerle y ello le llevó a recorrer archivos para investigar sobre su vida, su visión combativa por ideales y su muerte por molestar a los que negaban la vida y la libertad. De esta manera, en su vida siguió su ejemplo en valores en los que se inspira el republicanismo.
Descanse en paz Rodolfo de cuya trayectoria y hombría de bien damos fe. Una personalidad justa que acertó a expresar con sus pinceles el pintor Eduardo Pascual como miembro que fue de la Sociedad Cántabra de Escritores.