
La Penilla de Cayón, 22 de febrero de 2026
Querida Paula:
Te escribo estas líneas para expresar públicamente el orgullo que me has hecho sentir por cómo leíste el pasado 19 de febrero en el Teatro Concha Espina con motivo del XV Día de las Letras de Cantabria. No era fácil. Sola allí entre tanto adulto, el teatro casi lleno… Allí estaba tu familia y también tus compañeros, profesores… ¡y aquel imponente silencio! Todo un reto. Yo estaba nervioso, intranquilo, no lo niego. Pero empezaste a leer y se me pasaron los nervios. ¡Qué lección de aplomo, de seguridad, de tener bajo control aquel delicado momento! Que sepas que si lo hiciste así de bien fue porque lo preparaste con dedicación y esfuerzo. Desde el momento en que te propuse formar parte del grupo de lectores de ese día tan importante tu respuesta afirmativa vino acompañada de una actitud que se basó en el compromiso, la renuncia, el esfuerzo y la ilusión.
Compromiso, porque desde que me dijiste que sí hasta que se apagaron las luces del teatro te mantuviste fiel a lo que habíamos hablado.
Renuncia, porque no dudaste en acortar tus vacaciones en ese pueblecito de la provincia de Lleida y te viniste para Torrelavega con tus padres y tu hermana unos días antes para participar en el evento.
Esfuerzo, porque han sido muchos los ratos que te has pasado preparando el texto, en el colegio y en casa: entonación, pausas, buena pronunciación… ¡Acabaste aprendiéndote de memoria el texto de Josefina Aldecoa!
Ilusión, porque estabas convencida de que aquello era bonito, que merecía la pena. Así me lo demostraron desde el principio tu mirada serena y tu sonrisa sincera.
Esas son las razones, Paula. Y no otras. Esos mensajes de que “todo lo que te propongas en la vida lo conseguirás”, “tú todo lo puedes”, “eres una superheroína”… no son ciertos. Son solo palabras vacías. Mandangas, como dicen en mi pueblo.
Te traslado las felicitaciones de todos los que estuvieron en el Concha Espina y fueron testigos de cómo leíste aquel texto tan bonito, tan lleno de sentido, tan cierto. Desde el Señor Obispo (qué alto, ¿eh?), hasta la presidenta del Parlamento, pasando por aquel alcalde tan simpático de las gafas grandes, aquella señora rubia que también leyó (me han dicho que es directora de una universidad), la propia Angelina Lamelas o el párroco de La Asunción. Y durante la cena posterior a la gala muchos de mis compañeros de la Sociedad Cántabra de Escritores se me acercaron para decirme “lo bien que lo había hecho la niña”. Así te llamaban todos: la niña. Es que has sido la primera, ¿sabes? Hasta ahora nunca un niño había participado como lector en el Día de las Letras de Cantabria.
Te escribo esta carta desde mi casa de La Penilla con la serenidad que da el paso de los días para escoger bien las palabras y expresar con ellas lo que siento.
Me despido con las palabras que nos decimos en el colegio cuando compartimos alguna chuchería por nuestro cumpleaños: ¡GRACIAS Y FELICIDADES!
Nos vemos en clase.
Fernando del Río Ruiz de la Prada
Maestro del colegio Sagrados Corazones de Torrelavega y miembro de la junta directiva de la Sociedad Cántabra de Escritores
