
Estamos ante la escritora cántabra más longeva, pues cuando falleció contaba con la edad de 101 años, y ante la figura de una polifacética mujer, ya que además de escribir fue una activa deportista. Atravesó a nado la bahía de Santander, fue promotora de varios concursos de natación femenina y formó parte de los primeros equipos de hockey hierba femenino. Antes de la Guerra Civil fue una celebrada conferenciante en defensa de la cultura para las clases humildes y de los derechos de la mujer, reivindicando de una manera tenaz su derecho al voto. Los años veinte fueron el marco del inicio del cambio definitivo del papel que en adelante había de desempeñar la mujer en la sociedad. Ana María no solo tenía pasión por cultivar su cuerpo, sino también su mente, pues, atraída por la literatura en general y la poesía en particular, sentía la necesidad de ser partícipe de los cambios de aquella época. Así, fundó una sección femenina en el Ateneo de Santander junto a un grupo de muchachas burguesas interesadas, al igual que ella, por la cultura, que frecuentaban la Biblioteca de Menéndez Pelayo donde alternaban en los atriles con personas como el sabio Padre Gascón, Paco Camino, el capitán Lamadrid o Fernando Barreda. También se interesó por el periodismo, y gracias a su posición social tuvo la oportunidad de empezar a trabajar en el diario republicano conservador La Voz de Cantabria.
Al estallar la guerra civil, nuestra protagonista se mudó a Barcelona, donde trabajó para la marquesa de Nájera, cambiando el Cantábrico por el Mediterráneo durante cuarenta años. Allí se encontró con su primo César González Ruano, que también era un apasionado de la poesía, y le ofreció participar en una amplia antología de la poesía española en lengua castellana. Nunca dejó de lado su vena periodística y colaboró en periódicos como Solidaridad nacional o La Vanguardia. En la década de los sesenta trasladó su residencia, junto con la marquesa de Nájera, a Asturias y Cantabria, pasando algún tiempo en Cabezón de la Sal. Además de los artículos publicados en la prensa de Santander y Barcelona, su obra se completa con su única novela, Leña húmeda (1946), con prólogo del mencionado César González Ruano, y la antología poética Amor de mar y otros trabajos (2000). En mayo de 2001 el ayuntamiento de Santander bautizó una de las calles del barrio de Peñacastillo con su nombre y posteriormente convocó el concurso periodístico “Ana María Cagigal”, dirigido a artículos que aborden diferentes aspectos relacionados con la mujer. Su nombre forma parte de la “Ruta de personajes ilustres de Santander”.