Brillante homenaje a Roberto Lavín, un gran defensor de Beato de Liébana y de los valores fundacionales de la SCE
En la entrega del título de Socio de Honor con laudatio a cargo del poeta Víctor Abascal.
De izqda. a dcha.: Alfonso del Amo-Benaite, Marino Pérez Avellaneda, María Fernández-Rosillo, Noemí Méndez Fernández, Roberto Lavín Bedia, José Ramón Saiz Fernández y Víctor Abascal Acebo.

En el salón de actos del Real Club de Regatas, se celebró el 5 de junio de 2025 la entrega del título de Socio de Honor que a propuesta de la junta directiva y la aprobación de la Asamblea General del 10 de abril, se concedió por unanimidad a Roberto Lavín Bedia, acto que contó con la presencia de la concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Santander, Noemí Méndez Fernández y la directora general de la Sociedad Regional de Cultura, Educación y Deporte de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria, María Fernández-Rosillo.

En el acto estuvieron igualmente presentes el presidente de la SCE, José Ramón Saiz y varios miembros de la junta directiva, asociados y el presidente del Centro de Estudios Montañeses, Antonio de los Bueis Güemes. El expresidente y Socio de Honor, Marino Pérez Avellaneda presentó el acto, corriendo la bienvenida del Real Club de Regatas a cargo de Alfonso del Amo Benaite, también directivo de la SCE.

La música que engrandeció el acto corrió a cargo del guitarrista Javier Canduela, que interpretó obras inspiradas en Pablo Neruda, José Hierro con música de Isaac Albéniz.

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE, JOSÉ RAMÓN SAIZ

Iniciado el acto, el presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, José Ramón Saiz, manifestó lo siguiente en este saluda al homenajeado y asistentes, tras hacer las menciones protocolarias correspondientes:

José Ramón Saiz, presidente de la SCE.

Para nosotros es hoy una jornada de satisfacción y alegría por reconocer como Socio de Honor las altas virtudes humanas y profesionales, como médico y escritor, de Roberto Lavín Bedia. Él está en nuestra historia, pero también en los primeros antecedentes del que fue embrión fundacional de nuestra institución, cuando en 1999 varios amigos y escritores y cito a Diego Alonso, ya fallecido, Isidro Rodríguez Castanedo y al editor Fernández Gándara nos reunimos para hacer posible una reedición de la obra Cantabria, raíz de España de Manuel Pereda de la Reguera, lo que logramos en el objetivo de recuperar importantes señas de identidad histórica de nuestra Comunidad. Tiempo después alumbramos la fundación de nuestra Sociedad en Santillana del Mar, pronto se cumplirán veinticinco años. A lo que nuestro compañero Víctor Abascal diga sobre Roberto añadimos toda su obra sobre Beato de Liébana, además de nuestra coincidencia en resaltar su bondad, su capacidad integradora sin formar banderías, es decir, ha sido y es todo un señor al que hoy homenajeamos con entusiasmo y gratitud.

LAUDATIO A CARGO DE VÍCTOR ABASCAL

A continuación nuestro asociado y poeta, Víctor Abascal pronunció la laudatio en homenaje y reconocimiento a los méritos de Roberto Lavín. Este fue su contenido íntegro:

Víctor Abascal Acebo.

Para mí es un placer el poder hablar de Roberto Lavín porque, cuando uno se refiere a un amigo, de esos que lo son de verdad, resulta más grato y placentero, o, si se prefiere, más apasionante también.

Conocí a Roberto por mediación de Amado Zabala, perteneciente también a la SCE. Fue hace unos cuántos años en el Centro Gallego, con ocasión, supongo, de alguna conferencia o evento. Ya de entrada, me pareció una persona interesante y agradable. Y el paso del tiempo, a medida que le he ido conociendo mejor, me ha confirmado plenamente esa primera impresión. Pero ahora tengo que añadir, además, que Roberto es una de esas personas buenas y ejemplares.

Recuerdo que fue el ciclismo uno de nuestros primeros temas de conversación, y me explico por qué. Yo he sido siempre un gran aficionado a dicho deporte, y este hecho ha supuesto un mayor vínculo de amistad, no solamente con Roberto, sino también con Rosi, su mujer, igualmente una persona modélica. El motivo, un gran icono del ciclismo: Vicente Trueba -La Pulga de Torrelavega-. Y es que dicho campeón, fue el primer ganador español del Premio de la Montaña en el Tour de Francia allá por 1933. Todo una proeza. Ocurre, que la familia Lavín y la esposa del afamado ciclista, Josefina Bedia, tenían vínculos familiares, además de haber mantenido una relación muy cercana y especial durante toda su vida. De hecho, existe en Torrelavega un museo dedicado a su figura -Museo Vicente Trueba- y que su actual director, Roberto Noriega, se ha encargado de ordenar y adecentar de forma espléndida, después del inapropiado traslado por parte del Ayuntamiento de Torrelavega a las dependencias del Complejo Deportivo Óscar Freire, junto a los terrenos de Sniace. No hay que olvidar a sus predecesores responsables del museo, Rodolfo Do Alto y Cipriano Higuera, además de otras personas que apoyaron muy eficazmente su proyecto, entre las que aún se encuentra el compañero y amigo Amado Zabala, como secretario del mismo.

Roberto Lavín y familia, como propietarios del contenido del museo, se sienten muy agradecidos a estas personas por haber hecho posible su mantenimiento. No es de extrañar, entonces, que este tema ha ocupado una buena parte de nuestras conversaciones.

Roberto Lavín Bedia, nace en La Cavada en 1942. Estudió el Bachillerato en el colegio de Los Padres Escolapios y en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Santander, centros ambos que, por capricho de la casualidad, fueron también mis lugares de bachillerato. Posteriormente se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Seguidamente, en la entonces Universidad de Santander, ahora de Cantabria, cursó la especialidad de Electrorradiología. Más tarde ocupó plaza, por concurso libre, en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla con dedicación a la electro-radiología y ecografía. Es miembro de la Sociedad Española de Médicos Escritores (ASEMEYA) desde 1985, y de la Real Academia de la Medicina de Cantabria, también desde los años 80. Fue igualmente cofundador de la Sociedad Cántabra de Escritores y de la Asociación Cultural Mágrada.

De su familia puedo afirmar que es un modelo de referencia. Rosi, su señora, derrocha amabilidad y ternura por sus poros; en una palabra, es un modelo del bien. Yo he podido apreciar que es además la secretaria perfecta de Roberto: está al corriente de todos sus quehaceres, le presta el apoyo y la ayuda en todo lo requerido y es, en definitiva, su complemento perfecto. Tienen dos hijos, de los cuales solo conozco a Guiomar, y puedo afirmar que posee las positivas cualidades de sus padres. De su hijo Bernardo Alio, médico también, tengo idénticas referencias. En definitiva, forman una familia que, sin lugar a duda, puede calificarse de modélica.

Roberto es una persona que admira a todo aquel que lucha por sus ideales; a quien se esfuerza en el estudio para llegar a lo más alto en todo aquello que conduce al conocimiento de la ciencia y de la verdad; a los que investigan para beneficio de la sociedad; a los que se dedican a enseñar para engrandecer la valía de las personas y en general, Roberto admira a quien defiende el bien, la cultura y la justicia. Y estas características de Roberto, las puedo afirmar por ser la clara conclusión que he venido observando desde el inicio de nuestra amistad.

Y, como cualquier ser humano, Roberto tiene sus preferencias en cuanto a personajes se refiere. Me llamó la atención, la primera vez que le visité en su casa, el ver en un lugar destacado de su despacho, un cuadro del gran escritor, periodista y filósofo torrelaveguense, Rafael Barret. Se trata de una obra excepcional realizada por el excelente dibujante y amigo, Andrés Torre González, aunque más conocido por el seudónimo de “Andy”. Barret supone para Roberto una de esas preferencias a las que me refiero. Tanto es así que, junto a Bladimiro Muñoz, es autor de una biografía-antología titulada Sembrando ideas. Rafael Barret (1992).

Pero si hay un personaje importante e icónico para Roberto, que admira con desbordante pasión y al que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de tan sobresaliente figura, este es sin duda, Beato de Liébana, el primer escritor cántabro conocido. Y lo es, por lo que ha representado en la historia, no solamente de España, sino también de Europa. En este sentido tengo que decir que cuando Marino Pérez Avellaneda propuso componer un himno a Beato, (previamente se había hecho a Santo Toribio y a la Puerta del Perdón, con música para ambos himnos, del compositor y profesor del Conservatorio Ataúlfo Argenta, el catalán, pero afincado en Cantabria, Antonio Noguera Guinovart, y letra del Padre Franciscano José María Alonso del Val y mía, respectivamente. Hay que decir que ninguno de los tres himnos existía. Esta última propuesta fue igualmente acogida con el mismo entusiasmo que las anteriores y los encargados de la música y letra fuimos Antonio Noguera y yo, respectivamente.

En mi caso, tengo que añadir, que Roberto Lavín me puso al corriente en varios aspectos y detalles de la figura de Beato, hecho este, que me supuso una notable ayuda a la hora de realizar mi trabajo. Tanto representa la figura de Beato para Roberto, que cuando habla de él, no puede ocultar un grado de pasión importante, siendo como si se trasladara 1200 años atrás, rememorando aspectos de su vida, como el enconado enfrentamiento entre el propio Beato y el arzobispo de Toledo, Elipando, por la famosa controversia teológica sobre el adopcionismo; o cuando se refiere a su obra trascendental: “Comentario al Apocalipsis de San Juan” o al himno “O Dei Verbum” dedicado al apóstol Santiago. No en vano, Roberto ha sido muy prolífico sobre la vida de Beato. En este sentido, tiene varias obras sobre tan destacado e importante personaje del siglo VIII: Beato de Liébana -un político europeo de su tiempo-(edición Librucos, 2014); Fundamentos del ideario de Beato de Liébana y su repercusión (edición Librucos-2018) y El pensamiento de Beato frente al goticismo (edición Librucos-2023), que como él mismo dice, esta última edición es como la confirmación y matices a las previamente publicadas. Yo tengo el placer de poseer las referidas publicaciones, además de dedicadas.

Pero, Roberto Lavín, tiene una interminable obra de escritos, artículos, etc, de diferente temática. Por Cantabria demuestra una aferrada defensa y siente un interés muy importante por todo aquello que guarde alguna relación con su historia, sus gentes y su cultura. En este sentido, tiene una publicación, pequeña de tamaño, pero inmensa e intensa de calidad: El Cantor Cántabro y otros relatos (edición Tantin-1999), escrita en prosa, pero una prosa que discurre por cauces teñidos de un cierto aroma de poesía. Como muestra citaré el primer párrafo del relato “Ella, el viento y el roble”: Todavía se la podrá ver. Camina encogida y con la mirada ausente, abandonándose a los blandos empujones y manoseos del aire templado que desnuda los árboles. Se acerca despacio, bajo las sombras de nubes veloces llevadas por el viento. Y puede ocurrir cualquier día de otoño, cuando la luz de la tarde pierde fuerza y cae deshecha en colores de crepúsculo…

Como decía anteriormente, el relato tiene una buena dosis de bella prosa poética.

Tanto ha supuesto para Roberto el interés por la cultura que, en tiempos atrás, llegó a organizar en su casa reuniones donde se trataban un amplio abanico de temas, siempre dentro del ámbito cultural, como literatura, historia, personajes importantes, etc.

En definitiva, Roberto es una persona que, además de culta, refleja en el trato el mayor valor que se puede poseer: la calidad humana.

Y termino leyendo un poema que, hace algún tiempo, le dediqué por el especial aprecio y amistad que tenemos mutuamente y que hoy, en este día especial para él y su familia, quiero compartir con todos vosotros:

Hay almas que destellan humildad,
como esa que te ocupa todo el pecho,
donando a las demás ese provecho.
¡Cuánto brillo en la luz de tu amistad!

Fuiste brisa de amor en Sanidad,
haciendo del dolor el menor trecho;
fue ese cielo especial, asiduo techo,
y tu ejemplo, el sabor de la bondad.

Eres viento en las velas de cultura,
navegando al misterio de lo creado;
y una estrella, el faro de tu aventura.

Y el viaje de la vida ¡Qué acotado!,
mas cuando al fin te llegue esa fisura,
dirán de ti: “se fue un hombre honrado”

Tanto la laudatio como el poema de Víctor Abascal fueron muy aplaudidos por el público, además de que el homenajeado se emocionara por su contenido.

A continuación la concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Santander y la directora general de la Sociedad Regional de Cultura entregaron a Roberto Lavín el título de Socio de Honor, después de que la secretaria, Gilda Ruiloba, diera cuenta de los acuerdos de junta directiva y asamblea general que inspiran lo recogido en el diploma correspondiente, cuyo texto es el siguiente:

“Título propuesto por la junta directiva y aprobado por unanimidad en la Asamblea General (artículo 24 de los Estatutos), celebrada el diez de abril de dos mil veinticinco, en reconocimiento a una fecunda labor historiográfica y a su activa participación en la génesis, fundación y desarrollo  de nuestra institución”.

También se procedió a la entrega del cuadro-retrato del artista, obra del artista Eduardo Pascual. La directiva Marisa Caballero hizo entrega de la obra pictórica. Previamente la vicepresidenta, Delia Laguillo y el directivo, Alfonso del Amo, le hicieron entrega de la Placa de la SCE.

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO DE ROBERTO LAVÍN BEDIA

Tras hacer mención de la presencia de la concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Santander y de la directora general de la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte; presidente, directivos y miembros de la Sociedad Cántabra de Escritores, Real Club de Regatas de Santander y a todos los presentes, el hijo del homenajeado, Bernardo Alio Lavín Gómez, procedió a dar lectura a unas palabras de agradecimiento, que transcribimos en su integridad:

Bernardo Alio Lavín Gómez, hijo de Roberto Lavín.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la Sociedad Cántabra de Escritores por este reconocimiento, que despierta mi alegría y me llena de gratitud. No sería posible que estuviésemos reunidos aquí hoy sin el esfuerzo y el trabajo de algunos de sus socios, que, con implicación de amigos más inquietos, me han bridado su apoyo y capacidad organizadora motivando mi presencia en este acto. Vaya para ellos un saludo y agradecimiento especial, que les envío también a manera de excusa por no citar explícitamente sus nombres ante el temor de olvidarme de algunos de los mismos; situación en que me deja casi siempre mi desastrosa memoria.

Mi vínculo con la Sociedad Cántabra de Escritores se remonta al año 2001, al momento de su fundación. Pertenecí al grupo fundador. Fue entonces un proyecto que se gestó con la finalidad de reunir, y de ser, una plataforma para dar visibilidad a todos aquellos escritores que tenían o sentían algún tipo de lazo, afinidad sentimental o simpatía profunda por nuestra región. Y para aquellos que no encontraban un lugar cómodo donde iniciarse con sus modestos escritos sobre particularidades de Cantabria. Hoy, cuando han pasado casi veinticinco años, es un placer comprobar no sólo la continuidad de la Sociedad, sino su progreso expansivo y su solidez. Ahora, a la Sociedad Cántabra de Escritores la sentimos en nuestro ánimo particular como un ser vivo que de alguna manera te acoge y hasta te aconseja si es necesario; o muestra agradecimiento a quienes desde la plenitud del éxito escriturario la eligen como posada familiar habitual. Y, como todo ser vivo, sufre pérdidas por deceso, o separación -voluntaria o forzada, definitiva o temporal, etc-.

Pero quien perteneció a la Sociedad Cántabra de Escritores deja en ella una huella definitiva, indeleble, que en el caso de muerte es un recuerdo casi presente: porque ellos también están ahí; ellos siguen en la Sociedad Cántabra de Escritores. Y bajo su tiempo y “campo de acción” se pueden reconocer recuperaciones históricas, literarias o científicas de importancia notable para Cantabria, España, o incluso, de interés mundial. Y, al hacer esta alusión surgen en nuestra mente los nombres propios de nuestros autores más distinguidos con todo el brillo de su genialidad.

Aquellos de vosotros con los que tengo un trato más personal, sabéis que en los últimos años me he visto afectado por diversas limitaciones físicas, que me impiden participar de las actividades culturales con la frecuencia que me gustaría. Por eso, la iniciativa de este reconocimiento ha sido para mí toda una sorpresa y me ha hecho ser consciente de que mi trayectoria como escritor puede tener interés; al menos el interés que derive del apoyo de esta casa cercana que es la Sociedad Cántabra de Escritores y los que se han acercado o pertenecido a ella.

Mi formación como médico ecografista y electrorradiólogo me ha llevado a escribir artículos sobre temas científicos concretos, siempre con un punto de vista humanístico y literario. Y mi profundo interés y amor por la Prehistoria y la Historia Antigua de Cantabria, fomentaron mis indagaciones concretas en estos campos, dando como resultado diversos artículos de investigación, incluso tal cual libro biográfico o un volumen de ficción, etc. De esta manera, bajo la mirada cómplice de la Sociedad Cántabra de Escritores he elaborado la obra biográfica de Beato de Liébana libre de los añadidos injuriosos inventados contra el ineludible monje; y en un trabajo de colaboración he acercado la destacada obra y biografía de Rafael Barrett a Torrelavega. Eran también los tiempos de poner en valor el Museo Vicente Trueba, sin más comentarios.

Y, por último, he de recordar como obra propia de la Sociedad Cántabra de Escritores, hija de su trabajo colectivo, la recuperación de figuras de significación sorprendente a nivel mundial. Todo esto ha protegido la sombra culta de la Sociedad Cántabra de Escritores. Y ahí sigue: sumando valores individuales y colectivos.

Antes de despedirme, insisto en que he huido de citar nombres concretos para evitar ausencias que hubieran causado decepciones indeseadas. Pero todos estáis ahí y sé que lo sabéis.

Muchas gracias de nuevo por acompañarme hoy.

INTERVENCIÓN DE LUIS BEDIA DÍEZ

Finalmente, intervinieron Luis Bedia Díez –profesor, amigo del homenajeado y revisor de sus obras- con extractos muy bien argumentados de los libros de Beato de Liébana y una lectura tomada de El cantor cántabro y otros relatos a cargo de su hija Guiomar Laín Gómez. En concreto, Luis Bedia Díez se refirió a los trabajos de Roberto Lavín sobre Beato de Liébana en estos términos que transcribimos íntegramente:

Luis Bedia Díez, profesor, amigo del homenajeado y revisor de sus obras.

Es un placer presentar estos escritos, por el cariño que mi mujer y yo les tenemos a  ROSI y a ROBERTO; y porque se trata de un estudio de prestigio, audaz y fértil. Audaz, porque se  atreve con la obra completa de Beato, pretendiendo demostrar su importancia en la estructuración social de Europa; Fértil, porque ahí tenemos tres escritos de indudable interés histórico, de una potente lógica argumental y de rigurosa honradez intelectual. Les ofrezco un par de retazos de cada uno de ellos.

 

BEATO I

El primer libro, con preciosa y representativa cubierta de Andy, se titula Beato de Liébana. Un político europeo de su tiempo.

“Beato de Liébana es, efectivamente,  un personaje trascendental, pese al obstinado ninguneo al que fue sometido por las Crónicas Asturianas y la valoración raquítica de algunos historiadores. Constituye un referente medieval europeo en los campos religioso y político de su tiempo” (11a).

“Beato se configura como un objetivo cultural e histórico muy atrayente. Es cierto que el interés se centra más en los ‘beatos’, esto es, en las copias de su Comentario al Apocalipsis de San Juan, enriquecidas con  bella iconografía rebosante de simbolismo”. Pero se echa en falta un interés igual por el resto de la obra del  monje lebaniego, así como por el significado de su figura histórica (11b, 12a).

Este monje de Liébana representa, además, un hito de excepcional importancia local, ya que es el primer escritor cántabro conocido (12)b)

Don Roberto piensa que procede intentar conocer a Beato como monje intelectual y escritor; tratar de situar su figura y su pensamiento para acercarnos a las probables causas del ninguneo al que fue sometido por los cronistas del Reino de Asturias.  De esto va la obra. (13a).

 

BEATO II

El segundo libro lleva por título Fundamentos del ideario de Beato de Liébana y su repercusión, que concluye así:

Hemos llegado al punto en que debo cortar este breve trabajo y  me parece oportuno volver sobre dos frases que indican con sencillez y precisión la transcendencia europea del pensamiento de Beato.

La primera ratifica que Beato de Liébana “Fue una figura intelectual de primer orden en la Europa de Carlomagno”. Tesis que comparte con Don Joaquín González Echegaray.

El otro pensamiento se refiere al Comentario al Apocalipsis, cuya importancia radica en que quizá por única vez en la historia, ha sido España la que ha concertado artísticamente un estado de ánimo general en todo Occidente.

Si a estas opiniones sumamos el mensaje global simbólico y revolucionario que impacta victorioso contra los adversarios ideológicos de Carlomagno, tenemos la medida internacional del lebaniego. Fue el pilar más seguro para crear el edificio de una Europa y de un Occidente cohesionados en el tema religioso y político.

A este monje radicado en Liébana y de nombre BEATO, debemos, como ideólogo, esta España y esta Europa –ahora moribundas– que hemos vivido durante más de mil años. El Occidente cultural cristiano, con sus horrores y con su desarrollo científico, con su sistema de libertades en dura conquista, y con su consideración progresiva hacia la mujer… Si no hubiera sido por Beato, muy probablemente, África empezaría hoy muy al norte de los Pirineos (Págs. 74-76).

 

BEATO III

El tercer libro, titulado El pensamiento de Beato frente al goticismo, concluye así:

Ya en las páginas finales de esta investigación, conviene insistir en cuestiones que ayuden a comprender la conducta global de Beato de Liébana; su constancia y seguridad en la lucha contra el adopcionismo. Esa herejía goticista que pretendía volver a la iglesia visigoda y resucitar el Reino Visigodo. Pero frente a ello, y ganando todas las batallas, se alzó Beato (Cf. 72c).

Un año clave en la recuperación del valor histórico de Beato de Liébana fue el de 1931, en el que se presentó una copia de la carta enviada por Alcuino de York a Beato; con cuyo hallazgo “se terminaron las dudas, “cábalas”, y desprecios sobre el valor real de la figura internacional de Beato de Liébana” (74).

De su contexto y contenido se deduce que “de Beato de Liébana jamás se podrá olvidar que él fue quien enseñó, lo que tenía que ser y ha sido, durante más de un milenio, el ineludible entramado íntimo de España y Europa, con religión y familia como bases estructurales” (78f).

En la clausura de este acto cultural también intervinieron en representación de la Asociación Museo Vicente Trueba y del Museo, sito en Torrelavega, el secretario, Amado Zabala, y el Director del Museo, Roberto Noriega, quienes en cumplimiento del acuerdo tomado en la Asamblea General Extraordinaria de la mencionada Asociación, habida el día 28 de junio próximo pasado, en atención a la mediación que don Roberto Lavín Bedia tuvo, sin la cual nunca don Rodolfo do Alto Gutiérrez hubiera visto convertido en realidad su gran sueño de erigir el Museo de Vicente Trueba en Torrelavega, cuya cesión fue firmada por doña Josefina Bedia Canales, Viuda de Vicente Trueba, y doña Blanca Rosa Gómez Morante, en calidad de receptora, a la sazón alcaldesa de Torrelavega; en cuya génesis, preservación y mantenimiento del Legado del Museo la familia Lavín Gómez y, especialmente doña María Rosa Gómez Fernández, Rosi, alma máter del mismo, había tenido y tiene todo el protagonismo, juntamente con su tía doña Josefina Bedia, de grata memoria, quienes a lo largo del tiempo se habían encargado de recoger, atender, cuidar, limpiar, proteger, custodiar y guardar todo el conjunto de enseres, principalmente gráficos, que constituyen el Legado del actual Museo Vicente Trueba.

Es más, fueron ellas mismas, Josefina y Rosi, quienes personalmente y en muchas ocasiones se personaron en el Pabellón Municipal Vicente Trueba de Torrelavega, no solo para ir llevando y colocando, poco a poco y con esmero, cuadros y otros enseres con los que completar la totalidad de cuanto constituye el Museo; al que también ellas visitaban con frecuencia y, especialmente cuando en él se celebraba alguno de los muchos eventos que la Asociación Amigos de Vicente Trueba y del Ciclismo Cántabro, bajo las presidencias de Rodolfo do Alto Gutiérrez y de Cipriano Higuera Abascal, allí tuvieron lugar.

Familia Lavín Gómez en la que se gestó, generó, guardó y custodió tanto el legado escrito como el de otros recuerdos no menos valiosos, en memoria de quien con su heroico pedalear había llevado el nombre de Torrelavega y el de toda La Montaña por el mundo entero; la misma que a mediados de la primera década del siglo XXI alumbró el nacimiento del Museo Vicente Trueba de Torrelavega, como cuna y esplendoroso faro no sólo del Ciclismo Cántabro sino también del Ciclismo Español; constantemente atenta al cuidado, mantenimiento y desarrollo del mismo, colaborando en todo cuanto fuera preciso o necesario y siempre pendientes de cuanto en él acontece.

Motivos por los que la Asociación Museo Vicente Trueba de Torrelavega les otorga los Títulos de Socio de Honor Eminente y Presidente a Perpetuidad, a favor de don Roberto Lavín Bedia y de Socia de Honor Eminente y Perpetua, a favor de doña María Rosa Gómez Fernández, su esposa, de los que el Director del Museo, don Roberto Noriega Peláez, les hizo entrega.

El acto fue cerrado con una emotiva intervención de la concejal que en representación de la alcaldesa describió los numerosos méritos del homenajeado y el papel en la cultura cántabra de nuestra entidad.

[ Fotografías en orden de aparición ]

Alfonso del Amo-Benaite.
Marino Pérez Avellaneda.
María Fernández-Rosillo, directora general de la Sociedad Regional de Cultura, Educación y Deporte de la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria.
José Ramón Saiz, presidente de la SCE.
Gilda Ruiloba, secretaria de la SCE.
Víctor Abascal Acebo.
María Fernández-Rosillo y Noemí Méndez Fernández, entregaron el título de Socio de Honor de la Sociedad Cántabra de Escritores a Roberto Lavín Bedia.
Delia Laguillo y Alfonso del Amo, le hicieron entrega de la Placa de la SCE.
Marisa Caballero, con el pintor, Eduardo Pascual, entregaron un retrato a Roberto Lavín.
Guiomar Lavín Gómez, hija de Roberto Lavín.
Amado Zabala y Roberto Noriega le hicieron entrega de un diploma de la Asociación Museo Vicente Trueba.
Javier Canduela engrandeció el acto interpretando obras de Isaac Albéniz, inspiradas en textos de Pablo Neruda y José Hierro.
Noemí Méndez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Santander, clausuró el acto.

Fotos: Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez.