
Investigador incansable, de gran memoria, amante de las tertulias, Fernando Barreda fue alcalde de Santander (1928-1930) y vicepresidente de la Diputación Provincial (1954-1964). Cursó el bachillerato y la carrera de Derecho en Valladolid. Fue miembro fundador y presidente del Centro de Estudios Montañeses, de la Sociedad Menéndez Pelayo y del Ateneo de Santander, y vicepresidente de la Institución Cultural de Cantabria. Ocupó otros muchos cargos, como la presidencia de la Cámara de Propiedad y de la Junta de Obras del Puerto y fue académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia, de las Ciencias y de Bellas Artes. Recibió durante su vida varias distinciones, como la Medalla de Oro de Santander, concedida en 1976, la Medalla de Oro al Mérito de la Justicia en la Orden de San Raimundo de Peñafort, al Mérito Naval y fue objeto de otros muchos homenajes, como el organizado en su honor en la Biblioteca Menéndez Pelayo.
Entre sus publicaciones destacamos las siguientes: San Miguel de Monte Carceña (La Penilla de Cayón) (1939), sus trabajos «Prosperidad de Santander y desarrollo industrial en el siglo XVIII» y «Don Antonio López, primer marqués de Comillas», incluidos en el libro editado por el Banco Santander Aportación al estudio de la Historia Económica de La Montaña (1957) o La Marina Cántabra, de la que es coautor junto a Antonio Ballesteros-Beretta y Rafael González Echegaray. Esta última obra fue publicada por la Diputación Provincial de Santander en 1968 y lleva la firma de Fernando Barreda el tomo II titulado Desde el siglo XVII al ocaso de la navegación a vela. También escribió Comercio Marítimo entre Estados Unidos y Santander (1778-1828) (1950) y Vitorio Macho y Santander (1974), este último junto con Benito Madariaga de la Campa.
Fernando Barreda publicó multitud de artículos relacionados con la historia, la cultura, el comercio marítimo y las costumbres de la sociedad montañesa en diferentes revistas científicas, como “Las ferrerías en la provincia de Santander”, publicado en la revista Las Ciencias en 1948. También colaboró en La Revista de Santander, en el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y sobre todo en Altamira, la revista del Centro de Estudios Montañeses. En estas publicaciones sacó a la luz diferentes estudios con títulos como “Actividad comercial en Santander al final del siglo XVIII y principios del XIX” (1930), “El chacolí santanderino en los siglos XIII al XIX” (1947), “La exportación de agrios por el puerto de Laredo” (1945) o “Exvotos marineros en santuarios santanderinos” (1951). También resultó pionero en el estudio del Camino de Santiago por nuestra región, labor materializada en su obra póstuma Rutas jacobeas por Cantabria, publicada en 1993 con la colaboración de José Luis Casado Soto y Mª del Carmen González Echegaray.