
El martes, 16 de diciembre, se celebró en el salón de actos del Centro Gallego de Santander, un encuentro conjunto de la Sociedad Cántabra de Escritores y del Centro Gallego en recuerdo y homenaje del escritor e intelectual Benito Madariaga de la Campa, fallecido en diciembre de 2019. Un acto en el que se presentó el tomo IV de Páginas de Allá y Acá, que preparada todos los años su viuda, Celia Valbuena, que con su familia, hijos y nietos, asistieron a la convocatoria. Tras la apertura a cargo del presidente del Centro Gallego, José Antonio Otero, que en todo momento se refirió a “don Benito”, en demostración de afecto y reconocimiento a su figura, confesando que “todas las tardes visitaba nuestra sede que siempre fue un gesto de amistad y proximidad afectuosa con la comunidad gallega en la capital cántabra”.
Tras estas palabras de saludo ante decenas de personas que abarrotaban el salón de actos, tomó la palabra el presidente de la Sociedad Cántabra de Escritores, José Ramón Saiz, quien en su intervención señaló lo siguiente:

José Ramón Sáiz Fernández (imagen de archivo).
Estamos aquí, en un acto conjunto con el Centro Gallego, en homenaje a Benito Madariaga de la Campa, a quien con todo merecimiento le concedimos la Estela de Oro de las Letras de Cantabria en 2015. Aunque no perteneció a nuestra agrupación, podemos decir que siempre valoramos su personalidad y su amor a las letras y la cultura. En otras palabras, tuvimos respeto a su persona, además de apoyo, identidad y aliento a su obra y trabajo.
Fue en 1983, cuando terminé mi etapa de periodista en el diario Pueblo, el año en el que conocí a Benito. Desde mi cargo de Consejero en el primer Gobierno de Cantabria que presidió José Antonio Rodríguez le llamé y pedí consejo para conmemorar desde la institución autonómica el 150 aniversario del nacimiento de José María de Pereda. Hicimos una edición especial de una de las obras peredianas LA BUENA GLORIA, con ilustraciones a cargo de Andrés Torre González, Andy, dirigida a los escolares de Cantabria.
Avanzados los ochenta encontré a Benito muchas tardes en la antigua Hemeroteca Municipal como Cronista Oficial de Santander. Comenzaba a documentarme en algunos trabajos que tiempo después comenzaron a ver la realidad, una etapa en la que me ofreció su apoyo, con el que siempre me distinguió y al que correspondí con mis aportaciones a su gran obra Crónica del Regionalismo de Cantabria en 1986.
Desde entonces, coincidimos en muchos actos culturales. De alguno de ellos, guardo algún recuerdo gráfico, como la presencia en el Ayuntamiento de Polanco el día que se entregó el título de Hijo Adoptivo de Polanco al profesor de Birmighan, Anthony Clarke, por su trabajo durante más de cuatro décadas que robó a sus veranos, sobre la obra de Pereda, cuyas obras completas se editaron bajo su dirección.
Por decisión de su viuda, Celia Valbuena, he trazado unas apretadas líneas de identidad y agradecimiento a su obra en el IV tomo de la Antología de Páginas de Acá y de Allá de Benito, coordinadas pacientemente por su esposa y compañera de vida y sensibilidad cultural, Celia Valbuena Morán.
Desde mi amistad y respeto a su figura, inicio esta intervención recordando dos artículos que sobre las aportaciones culturales de Benito escribí en su tiempo. El primero, en El Diario Montañés de 7 de julio de 1992 (hace nada menos que 33 años) con el título Santander y Benito Pérez Galdós, y el segundo, en Alerta de 9 de julio de 2004, sobre La obra de Benito Madariaga, entre Pereda y Galdós.
En el de Alerta evoqué que Benito acababa de recibir la Medalla de Honor de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, en homenaje a su obra tan importante y variada, llena de contrastes, ya que no todos saben que este hombre de letras se hizo veterinario en la Universidad de León, profesión que ha ejercido durante varias décadas, brillando con luz propia en las letras en las últimas décadas.
Como lector de su amplísima obra, tengo especial predilección por cuatro títulos: Galdós, una biografía santanderina (1979); Pereda, biografía de un novelista (1991); Crónica del Regionalismo en Cantabria (1986) y Antología literaria del regionalismo (1989), trabajos de gran profundidad y altura de los que he extraído numerosas referencias con las oportunas citas al autor.
Siguiendo, por tanto, el camino elegido, de su extensa obra siempre me llamó la atención su capacidad para escribir las biografías de José María de Pereda y Benito Pérez Galdós, dos escritores distintos y distantes, de ideologías casi antagónicas y que, sin embargo, ejercieron la tolerancia y el respeto, que se transformó en afecto y admiraciones mutuas, en lo que fue una relación ejemplar en un tiempo en que el pensamiento y posicionamientos políticos elevaban murallas insalvables.
Pereda fue diputado católico, tradicionalista y carlista en una legislatura del último tercio del XIX; Pérez Galdós llegó a las Cortes en torno a 1909, como un ferviente republicano y anticlerical. Más distancia ideológica imposible y, sin embargo, Benito biografió sus vidas literarias asumiendo sus distantes ideologías y estilos literarios. La tolerancia de pensamiento de estos dos genios merece la pena tenerse en cuenta, más en estos tiempos un tanto revueltos.
La obra de Benito sobre estos dos grandes de las letras nacionales es toda una aportación valiosísima para conocerlos de cerca. Su trabajo sobre el escritor canario nos presenta la profundísima huella que Galdós dejó en Santander ya que en su palacete de San Quintín escribió y firmó alguna de sus obras más brillantes. La falta de visión y, sobre todo, el sectarismo en los años veinte y treinta del pasado siglo, impidieron que San Quintín fuera hoy el gran museo galdosiano con sede en Santander, que finalmente se fijó en la tierra natal del escritor, donde Madariaga se ha ganado una alta consideración como experto y estudioso de su obra. Un paisano torrelaveguense que fue Gabino Teira Herrero (1885-1961), presidente de la Diputación Provincial entre 1933 y 1935, no logró sacar adelante este proyecto. Sin duda, Benito Madariaga de haberse llevado a buen fin aquella propuesta, habría dirigido con honor y relevancia este museo que perdió la tradicional desidia.
En el artículo de El Diario Montañés, que escribí casi quince años antes, ya había expresado mi reconocimiento a Madariaga por la recuperación para la ciudad de Santander del nombre de Benito Pérez Galdós, que coincidió con la opinión de la filóloga Carmen Bravo Villasante, pionera en el estudio universitario de la literatura infantil, en favor de un gran monumento al escritor canario en la capital cántabra, felizmente logrado, que completaba los ya existentes en recuerdo de Pereda, Concha Espina, González Linares y José del Río Sainz, Pick. En la voluntad de ambos, existió el nexo común de familiarizar a los santanderinos con Pérez Galdós a través de un monumento y que los escolares conocieran su brillante obra.
Sobre José María de Pereda han quedado pocos secretos que no descubriera Benito Madariaga, a la par que ese profesor de Birmighan, tan dentro del paisaje perediano, que fue Anthony H. Clarke (1939-2020). En esta pasión por nuestro escritor costumbrista coincidimos en varias iniciativas, una de las últimas cuando en la exposición El Siglo de los Cambios, en Torrelavega, que homenajeó a más de un centenar de importantes biografías cántabras, reunimos a cuatro generaciones del escritor polanquino. Lo mismo ocurrió en la jornada institucional de Manuel Llano, de cuya biografía y obra es experta Celia Valbuena, acto en el que contamos con la colaboración de Julio Sanz Saiz.
También el regionalismo –ya más en clave política- de la II República ocupó su atención investigadora. Cuando en el periodo republicano el diario El Cantábrico defendía un Estatuto, Benito nos recordó que ya habían dejado fecunda semilla de regionalismo Mateo Escagedo Salmón, cronista oficial de la provincia; el activo político Santiago Fuentes Pila y el arquitecto Leonardo Rucabado, principal representante de la arquitectura regionalista cántabra. En esta obra fue muy generoso cuando Benito me citó entre “los principales difusores del movimiento regionalista cántabro” (pp.271-72), quizás por los cientos de artículos y varios libros publicados sobre la materia en los que, ya entonces, había analizado la cuestión cántabra.
Sus obras sobre el regionalismo, especialmente en la faceta literaria y cultural, reflejan una guía para profundizar en biografías importantes del pensamiento y de nuestras letras, que desde finales del XIX fomentaron un regionalismo literario con igual ímpetu que movimientos del mismo tipo se desarrollaban en Cataluña, en cuyo auxilio y defensa de la lengua catalana acudieron Marcelino Menéndez y Pelayo y José María de Pereda como mantenedores de los Juegos Florales de Barcelona.
Fue el suyo un gran trabajo que demuestra que ese movimiento que se fraguó políticamente al amparo de la Constitución de 1978, tiene raíces viejas y profundas entroncadas en el espíritu del montañesismo que Madariaga protegió con especial delicadeza. Nombres importantes desfilaron por sus páginas: Menéndez Pelayo, Pereda, Gumersindo Laverde, Amós de Escalante, Luis de Hoyos Sainz, José María de Quintanilla (Pedro Sánchez), sin olvidar a cántabros que destacaron en la ciencia como Augusto González de Linares (en este año del 150 aniversario de la fundación en Valle de Cabuérniga de la Institución Libre de Enseñanza); Leonardo Torres Quevedo y el doctor Enrique Diego Madrazo. De todas estas grandes biografías, la de Pereda se proyectó como padre del regionalismo literario que se expresa intensamente, a nuestro juicio, en su obra Peñas Arriba.
La Universidad Internacional Menéndez Pelayo y su rector (1995-2004), José Luis García Delgado, historiador de la economía, impulsaron en 2004 la feliz iniciativa del homenaje a Benito. Destaco este párrafo del discurso del catedrático García Delgado: “Durante más de veinte años, y me quedo corto, la Universidad se ha beneficiado, en efecto, de la colaboración que le ha brindado, con un desprendimiento siempre ejemplar, este hombre de cultura, tenaz e imaginativo, que es Benito Madariaga”, recordando que en sus años de rector podía dar testimonio “del copioso caudal de aportaciones que de él ha recibido la UIMP, en forma de sugerencias, de consejos, de propuestas, de textos; bien con cuidadas palabras escritas, bien con palabras dichas con esa discreción y esa modestia propias de los hombres cabales, de las personas honestas”.
Después de estos honores merecidos, durante años seguimos la trayectoria ejemplar de Benito Madariaga ejerciendo su magisterio de Cronista Oficial por las antiguas salas –ahora felizmente remozadas- de la hemeroteca y la biblioteca pública de la calle Gravina. Como Cronista Oficial defendió la promoción de las nuevas tecnologías para aproximar a los nuevos investigadores a los fondos hemerográficos, tan importantes para los trabajos del escritor, superándose abandonos que venían de lejos.
Finalmente, evoco otros recuerdos personales que sumo a los encuentros que mantuvimos en la Hemeroteca Municipal a la que Benito acudía prácticamente todos las tardes. En mi etapa como presidente de la Comisión del Centenario de Caja Cantabria pedí su consejo para digitalizar, como se hizo, la colección de El Cantábrico. Cuando escribí (2004) la historia de este diario (1895-1937), me abrió las puertas galdosianas para acceder a la correspondencia que Pérez Galdós mantuvo con José Estrañi. De esta manera ensalzo su talante personal de ayudar a los que lo necesitábamos en ésta y otras investigaciones.
Concluyo afirmando que en la Sociedad Cántabra de Escritores estamos muy orgullosos de haberle concedido en 2015 la Estela de Oro de las Letras de Cantabria en un solemne acto que se celebró en el patio central de nuestro Parlamento que presidieron las primeras autoridades de nuestra Comunidad Autónoma y de la presidente de nuestra institución, Delia Laguillo González”.
INTERVENCIÓN DE MARINO PÉREZ AVELLANEDA
Intervino Marino Pérez Avellaneda, expresidente y socio de honor, señalando que su trato con Benito Madariaga comenzó de manera esporádica hacia el año 2010 en los encuentros habituales en las sesiones académicas del Centro de Estudios Montañeses que se desarrollan todos los primeros lunes de mes en su sede en su sede de la tercera planta en el edificio del Ateneo de Santander y que desde el principio hubo un especial feeling entre ambos.
Indicó que se iba a ceñir en glosar las relaciones de Madariaga con la Sociedad Cántabra de Escritores para no resultar reiterativo con otros participantes.
En su opinión, el origen de su gran relación con la SCE vino como consecuencia de la concesión en 2015 de la “Estela de Oro de las Letras de Cantabria”, máximo galardón de la entidad en un acto que tuvo lugar en un abarrotado patio cubierto de la sede del Parlamento Regional, en cuya mesa presidencial coincidieron las dos máximas autoridades entonces de la región, el Presidente de la Comunidad, D. Ignacio Diego y el del Parlamento, D. José Antonio Cagigas, acompañados por Dª Virginia Lavín, en representación del alcalde, D. Íñigo de la Serna que se encontraba en un viaje oficial, y por Dª Delia Laguillo, presidenta de la SCE.
Refirió que, en su encuentro posterior con él en su despacho del Centro Cultural “Doctor Madrazo”, Benito le comentó, que estaba muy agradecido por dicho reconocimiento, pues le venían a la memoria unos cuantos amigos y conocidos suyos, con más méritos incluso que él, que “se habían ido al otro barrio” (fue su expresión exacta) sin que nadie se acordara de ellos en el último tramo de sus vidas.

El 27 de abril de 2016, Benito tomó parte activa en los actos desarrollados en Torrelavega con motivo del 150 aniversario del nacimiento de Alcalde del Río, en dos partes. La primera, en la ofrenda floral que tuvo lugar junto a su tumba en el cementerio de Geloria, que se desarrolló en un ambiente muy especial, entre otras cosas por el excelente acompañamiento musical de la viola por Fernando Alonso Fernández. Y la segunda en la Mesa redonda llevada a cabo en el Salón de Plenos del antiguo Ayuntamiento, a la cual se le invitó, aunque declinó su participación. No obstante, intervino al final para hacer la propuesta de realizar una nueva monografía sobre la vida y obra de Alcalde del Río, a lo que Marino le contestó que eso ya lo había hecho él antes en 1972 y en 2003, por lo que sugirió sería más procedente un proyecto de obra colectiva en la que le invitaba a participar, así como a los componentes de la Mesa presentes y a otras personas que pudieran aportar algo sobre aspectos no trabajados de su biografía.
En enero del año siguiente se presentaba dicho libro colectivo con el título de “Hermilio Alcalde del Río (1866-1947): en el 150 aniversario de su nacimiento”, editado por librería Estvdio en el cual Benito participó con el capítulo titulado “Recordando a Alcalde del Río”. También lo hizo José Ramón Sáiz Fernández (presente en la Mesa), con “Torrelavega y D. Hermilio Alcalde del Río”.
Ese mismo año, en otra de las reuniones que mantuve con él en su despacho me regaló un ejemplar de su obra “José María de Pereda y su tiempo” (2003) dándonos su autorización para reeditarla si lo considerábamos oportuno, sugiriendo la buena ocasión que sería el Congreso Internacional en honor de José María Pereda que se estaba organizando en Polanco, entre el Ayuntamiento y la Consejería de Educación y Cultura, el cual llegó a cuajar por lo que el libro quedó en el aire.
Benito falleció en Santander el 10 de diciembre de 2019 y el 16 de abril de 2020 moría en Birmingham Anthony Clarke, hispanista británico especialista en Pereda. Dos años antes había fallecido el compañero de la SCE Manuel Bartolomé, quien se había ofrecido a colaborar en la publicación con un trabajo suyo sobre Pereda y Polanco cuyo fichero digital, por suerte, me había dejado pocas semanas antes de fallecer.
Decidimos retomar la reedición en lo que podía convertirse en un homenaje directo al propio Madariaga, y colectivo en memoria de A. Clarke, de Manolo Bartolomé, vocal de la SCE y del Secretario de la misma, Serafín Fernández Villazón, ambos fallecidos a comienzos de 2018. El coordinador cultural de Polanco, Tino Barrero, me ofreció otra participación indicando que tenía noticias interesantes y curiosas sobre el personaje de Chisco en “Peñas arriba” y sobre el jardinero de Pereda que compartió con el de su buen amigo el gran Pérez Galdós. Lleva por título: “Hombres de pro a la vera de José Mª de Pereda”.
Con el apoyo del Ayuntamiento de Santander, del Centro Gallego y de otras entidades sociales y culturales, se editó el libro en la Imprenta Bedia que fue presentado en el Ateneo de Santander el 9 de noviembre de 2021.
El 17 de mayo de 2022 realizamos en el Centro Gallego de Santander una gran acto de homenaje a la vida y obra de Madariaga en la que participaron, además de los miembros de la Mesa: alcaldesa de Santander, presidente del Centro Gallego, presidente de la SCE, y yo como moderador, representantes de la Real Sociedad Menéndez Pelayo, del Colegio de Veterinarios de Cantabria, de la Real Academia de Medicina de Cantabria, de la Sociedad Prehistórica de Cantabria, del Museo Marítimo del Cantábrico y de El Diario Montañés.
Para rematar su intervención leyó un párrafo del discurso emitido por Madariaga en 1972 como respuesta al de ingreso de Maza Solano en la Institución Cultural Cantabria, una bella muestra del rico, culto y refinado lenguaje de Benito, finalizando con un llamamiento a Juan Azcuénaga, secretario del Instituto de Estudios Agropecuarios, del que sabe se encuentra elaborando un concienzudo estudio biográfico sobre Benito Madariaga para que lo haga público lo antes posible”.
BENITO MADARIAGA, CRONISTA OFICIAL DE SANTANDER
A continuación intervino Pedro Arce Díez, que fuera concejal de Educación y Cultura (1987-95), además de exvicepresidente de la SCE, quien afirmó lo siguiente:

Pedro Arce Díez (imagen de archivo).
Durante las legislaturas 1987-1991 y 1991-1995 como concejal de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Santander, tuve la ocasión de tener a Benito Madariaga (Valladolid, 1931-Santander, 2019), como Cronista Oficial de la ciudad.
Benito dedicaba mucho tiempo a esta actividad, además de su función bibliotecaria, asesor en algunas de las publicaciones, como la Colección Pronillo y todas aquellas encomiendas que se le solicitaba desde la alcaldía y concejalía.
Pero Benito era también un estudioso e investigador, cuya impronta ya era patente en estudios sobre personajes tan importantes como Hermilio Alcalde del Río, José Mª de Pereda, Marcelino Menéndez Pelayo, Benito Pérez Galdós o Augusto González de Linares, por poner algunos de nuestros personajes más importantes. Su saber era inconmensurable y por ello, lo mismo se internaba en el mundo de los estudios de la Prehistoria, tan rica en nuestra región; las relaciones entre Pereda y Menéndez Pelayo o la impronta de González de Linares y ello teniendo en cuenta su formación sanitaria y veterinaria, su trabajo en el Instituto Oceanográfico o su íntima vinculación con la Institución Libre de Enseñanza…
Es curiosa su inmersión laboral en el mundo de la veterinaria en Cantabria, la investigación marina o la enseñanza, hasta que, en el año 1986, se pasó con armas y bagajes al mundo de la cultura, incluso cambiando de departamento administrativo dentro de la entonces Diputación provincial de Santander. Pero todo ello, con la mochila de sus saberes, de sus investigaciones y de sus publicaciones y no puedo dejar de mencionar uno de sus primeros libros: “El toro de lidia”…
Benito Madariaga ha pertenecido a instituciones tan arraigadas en nuestra cultura como la Sociedad Menéndez Pelayo, el Ateneo de Santander o el Centro de Estudios Montañeses, desde donde pudo insuflar sus saberes y conocimientos. Cientos de artículos periodísticos, decenas de libros, informes de todo tipo, etc., ha dejado plasmado Benito sobre Santander y Cantabria, que le retratan, sin duda, en un auténtico conocedor de nuestra cultura, en un investigador tenaz y persistente y con una producción investigadora y literaria amplia y de gran calidad y con un lenguaje accesible a cualquier lector o investigador.
Y en esos años 1987-1995, tuve el honor de tener a Benito Madariaga muy cerca en mis responsabilidades políticas; y tuve la satisfacción de poderle ubicar en un digno despacho, con el mobiliario auténtico del Dr. Madrazo, en el centro que en Puertochico lleva su nombre.
Incluso, algunos años más tarde, participamos ambos, junto con Mariano Mañero Monedo, en un libro de texto para escolares sobre el Conocimiento del Medio en Cantabria, de Editorial Anaya.
Y, como punto final, bien pudiera decirse de Benito Madariaga, que era, ante todo, un hombre bueno, una persona humilde y accesible para cualquiera y un gran conversador, que irradiaba ciencia y al cual daba gusto oírle.
ANTONIO MARTÍNEZ CEREZO: A PROPÓSITO DEL DICCIONARIO MADARIAGA
A continuación intervino Antonio Martínez Cerezo, acreditado colaborador cultural de El Diario Montañés, para relatar su diccionario Benito Madariaga, siguiendo el sistema metodológico empleado en otros diccionarios que había elaborado con anterioridad, concretamente el Diccionario Estrañi, Diccionario José Hierro, Diccionario Matilde de la Torre…), anunciando la elaboración de la letra A del dedicado a Madariaga, “que tengo en muy avanzado estado de ejecución el diccionario formado con voces extraídas de su obra completa”.
Martínez Cerezo fue descubriendo y comentado una a una las voces que viene investigando de la obra de Benito Madariaga, demostrando su profundo conocimiento de su acción literaria y cultural. Una obra, sin duda, complicada porque habida cuenta de que si por algo en concreto se caracterizó, en lo literario, Benito Madariaga de la Campa fue por la amplitud temática de sus registros y los muchos lugares, tiempos y medios en que los expresó: conferencias, ensayos, artículos periodísticos, libros, folletos, prólogos… afirmó Martínez Cerezo.

Llegado aquí, preguntó: -¿De qué escribió Benito Madariaga?; sin embargo, lo más pertinente –afirmó- sería plantearla al revés: – ¿De qué no escribió? Esta fue la respuesta de Martínez Cerezo: “De todo y en todo tiempo”, añadiendo: “nada en lo historiográfico le fue ajeno. Ya fuera la historia en bloque, antigua, moderna y contemporánea. Ni en lo literario, valgan Galdós y Pereda como sumo ejemplo. Ni en lo concerniente al arte (Pereda, Cossío, Blanchard…). Ni a la comunidad de Cantabria y su capital Santander, ya fueran los censados, las ciudades, los pueblos, los barrios, las calles, las fuentes, las farolas, la bahía, la costa, los veraneos regios, la reina Victoria, la UIMP, etcétera”.
Finalmente, Antonio Martínez Cerezo se comprometió ante los asistentes y Celia Valbuena, viuda de Benito Madariaga, la de concluir a lo largo de 2026 el primer tomo del Diccionario Madariaga, correspondiente a la letra A. De momento, el material que lleva recopilado alcanza ya la friolera de 648 páginas “en las que hay de todo, como en botica”.
CLAUSURA POR CELIA VALBUENA Y JOSÉ ANTONIO OTERO
El acto se cerró con la intervención de Celia Valbuena quien después de agradecer a todos la asistencia, indicó que entre los escritos que había localizado de Benito, uno en concreto se refirió al Centro Gallego y lo que significó en su vida cultural y literaria. Celia procedió a leer el escrito cargado de identidad y afecto con el Centro Gallego, siendo sorprendida por el presidente José Antonio Otero que enmarcó el documento para ser colgado en el lugar que institucionalizó el Centro como el rincón de don Benito. Esta iniciativa fue largamente aplaudida por los asistentes, poniéndose final al emotivo y brillante acto sobre la recordada figura de don Benito Madariaga de la Campa.
