Serafín Fernández Villazón
[ Torrelavega, 1952 – Suances, 2018 ]

Serafín Fernández Villazón nació en Torrelavega el 21 de febrero de 1952. Miembro de una familia de conocidos comerciantes de Torrelavega que impulsaron los primeros grandes almacenes de esta ciudad, se licenció en Dirección de Empresas y se dedicó a los negocios familiares.

Muy aficionado a la lectura desde joven, su vocación de escribir se desarrolló por medio de artículos periodísticos que publicó en diversos medios de comunicación, tratando múltiples cuestiones y temáticas, casi siempre relacionadas con la economía.

Su actividad social se desarrolló en diversas facetas. Fue colaborador de la Sociedad Filatélica Torrelavega, presidente del Club Deportivo y Social Suances, presidente del Club de Piscis de Cantabria, presidente de la Comisión de Comercio Interior de la Cámara de Torrelavega y colaborador activo de otras diversas asociaciones.

Falleció el 13 de febrero de 2018 de forma repentina cuando era secretario de la Sociedad Cántabra de Escritores.

En Cantabria24horas.com se escribió por José Ramón Saiz, un comentario con el expresivo título ¿Es posible sustituir a Serafín Fernández Villazón? con el siguiente contenido:

De mañana, este 14 de febrero que finalmente ha sido vencido en el calendario, recibimos un mazazo de los que nunca pueden olvidarse. Leonardo Álvarez Ahijado (Leo) nos trasmitía la muerte inesperada, increíble, de Sera. Contuve la respiración y me agarré a la posibilidad de que fuera otra persona. Pasaron unos minutos tensos, casi infinitos, hasta que se confirmó que Sera –como todos le llamábamos- era Serafín Fernández Villazón.

He titulado intencionadamente este apresurado artículo sobre si es posible sustituir a Serafín en las muchas funciones que realizaba generosamente para numerosos colectivos. La respuesta es no. Poco a poco, pasado un tiempo, si echamos la mirada atrás, veremos cómo algunas de las entidades que él sostenía con trabajo y vocación se han extinguido. Lo intuyo. Lo siento, pero será así.

Sin embargo, lo mejor que podemos hacer en su recuerdo e identidad es perseverar y mantener el ánimo alto. Decía Leo en el tanatorio que se nos queda por ahí mucha chatarra humana y se nos van los mejores. En menos de un mes, Manuel Bartolomé y Serafín Fernández Villazón. La propuesta no puede ser otra que lograr que entidades que hace años Serafín rescató de una muerte segura, permanezcan y podamos disfrutarlas. Miro en este caso al club Piscis, del que Sera era alma, motor, gasolina, acelerador y freno, todo al tiempo. A pocos días de entrar en su mes –en el que Serafín cumpliría 66 años- se nos ha ido para siempre, dejándonos una terrible soledad. Cuando este año nos reunamos, le echaremos en falta como aglutinador de un encuentro en la que asumía todos los quehaceres. Con su carpeta, bolígrafo y un optimismo ejemplar, nos faltará su presencia física pero no su recuerdo.

Deja también un profundo vacío en la Sociedad Cántabra de Escritores. Su presidente, Marino Pérez de Avellaneda, contestó hace un año a la presión que le ejercimos para que se presentara a la presidencia, que se podría contar con él si se le buscaba un buen secretario. Y se encontró en la persona de Serafín. Nadie que se precie de persona con dignidad, puede tener queja de su actuación. Trataba a todos por igual y no faltaban diariamente notas en el correo de los asociados. Su trabajo para fortalecer interna y externamente la SCE ha sido inmenso y merece el agradecimiento de todos los escritores.

En la tarde de su muerte, en el tanatorio del Asilo de Torrelavega (una institución con la que se volcó como su padre), decenas de ramos de flores testimoniaban el gran aprecio por su persona y sus valores, mientras cientos de personas pasamos a dar testimonio de nuestro dolor y solidaridad. En el libro de firmas he escrito ¡Insustituible! Es lo que siento. Pero, al mismo tiempo, estoy convencido de que su deseo es que todas las obras por las que él trabajo y dedicó tiempo, permanezcan y sigan siendo un referente en nuestras vidas. Es nuestro reto.

Siempre tuve un gran afecto y reconocimiento por Serafín, que ahora se acrecienta en forma de gratitud. Fue el gran dinamizador de aquellos Grandes Almacenes Serafín que tenían entrada y salida hacia la Plaza Mayor y la calle Ruiz Tagle, que tuvo en su padre Serafín Fernández el gran referente del comercio local que la Cámara de Comercio supo recompensar hace algunos años. Sera fue, entonces, un innovador en la promoción del comercio torrelaveguense, que a lo largo del siglo XX ha sido piedra fundamental de nuestro desarrollo. Aun recuerdo cuando se instaló la primera escalera mecánica que llegaba a Torrelavega y que representaba el ejemplo de la gran apuesta comercial de la familia Fernández-Villazón. O, cuando firmé ejemplares de mi libro Construir Cantabria, por qué la autonomía (1980), que significaba prácticamente mi estreno como autor, recuerdo gráfico que me envió hace unos meses y que había rescatado de sus archivos.

Aunque residía en Suances, su pasión estaba en Torrelavega. Sus artículos tenían un nexo común: su preocupación por la situación casi agónica de la ciudad y de su comercio. Proponía ideas y debates, buscando siempre el interés general. Nunca se inhibió en las propuestas. Escribiendo de Torrelavega y su futuro, dejaba brillar su palabra desde la libertad y el supremo valor de su independencia.

El final justo de este artículo pasa por afirmar que Torrelavega está de luto con la prematura muerte de Sera. Es así. Lo digo y escribo desde la grandeza del amigo muerto.